Los 33 mineros permanecieron 69 días a 700 metros bajo tierra en la mina San José, ubicada en Copiapó (850 kilómetros al norte de Santiago). La transmisión del histórico rescate, el de mayor profundidad en la historia, fue seguido por al menos 1.000 millones de personas. Uno de esos mineros, el que surgió de la mina en el séptimo lugar y quien escribió el famoso mensaje que recorrió el mundo “estamos bien en el refugio los 33”, nos cuenta la verdadera historia.
Los efectos físicos de un desastre son evidentes. Los eventos traumáticos son, en la mayoría de las ocasiones inesperados e incontrolables y golpean de manera intensa la sensación de seguridad y auto-confianza del individuo provocando intensas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno. Es importante destacar, que a pesar de la heterogeneidad de los sucesos traumáticos, los individuos que directa o indirectamente han experimentado este tipo de situaciones viven lo que se denomina estrés postraumático y en ocasiones podrían presentarse otros trastornos asociados como depresión, trastorno de ansiedad generalizada, ataques de pánico o abuso de sustancias. Desde nuestro punto de vista, la resiliencia es una gran herramienta para “saltar” del stress postraumático a una etapa futura de aceptación y entusiasmo. Este concepto es un término que proviene de la física y se refiere a la capacidad de un material para recobrar su forma después de haber estado sometido a altas presiones. Una persona es resiliente cuando logra sobresalir de presiones y dificultades de un modo que otra persona no podría desarrollar. Significa rebotar de las experiencias difíciles. La resiliencia no es un rasgo que las personas tienen o no tienen. Conlleva conductas, pensamientos y acciones que cualquier persona puede aprender y desarrollar. Se trata de una nueva mirada en que los diferentes seres humanos afrontan posibles causas de estrés. La adversidad no deriva irrevocablemente en individuos dañados. Se ha mostrado que la conformación de éstos depende, no simplemente de factores condicionantes como, por ejemplo, los recursos económicos, la alimentación, el nivel educativo de los padres, la estimulación materna o la disponibilidad de material lúdico, sino, fundamentalmente, de los mecanismos y las dinámicas que ordenan el modo como ellos se relacionan. Los individuos “resilientes” destacan por poseer un alto nivel de competencia en distintas áreas, ya sea intelectual, emocional, buenos estilos de enfrentamiento, motivación al logro autosugestionado, autoestima elevada, sentimientos de esperanza, autonomía e independencia, entre otras. Lo que hace que un individuo desarrolle la capacidad de ser resiliente es la formación de personas socialmente competentes que tengan la capacidad de tener una identidad propia y útil, que sepan tomar decisiones, establecer metas y esto involucra lugares sociales que implican a la familia a los amigos y las organizaciones. La resiliencia es una característica que se puede aprender como producto de una interacción positiva entre el componente personal y ambiental de un individuo. Escuchar a José Ojeda, será nuestra primera intención, para que nos “salpique” maravillosamente de esa mirada resiliente y de su liderazgo personal. Escuchar a Jorge F. Méndez, el profesional que lo acompaña y coach ontológico con diez años de experiencia, será útil para unir esa positiva mirada y aterrizarla en el día a día con el objetivo de entregarle a cada uno de los asistentes - de manera práctica - las herramientas necesarias para fortalecer las habilidades y desarrollar una cultura apreciativa de su quehacer cotidiano.